Ver en la oscuridad Cápitulo 7
A la mañana siguiente, emprendimos la marcha en silencio. El aire era fresco y la bruma del bosque nos envolvía como un manto. Tras una hora de caminata, llegamos a un claro donde Lira sacó lo que parecía un cuerno de toro y lo hizo sonar con un potente bramido que resonó entre los árboles. Luego se giró hacia nosotros y, sin dar más explicaciones, se sentó en una roca cercana y comenzó a repartir fruta. Val, curioso como siempre, no tardó en preguntar: —¿Qué hacemos aquí? Lira, sin levantar la vista, respondió con calma: —Esperamos nuestro transporte. Pasó una hora. Mientras desayunábamos, recuperando algo de energía, un sonido proveniente del cielo rompió la quietud del bosque. Miramos hacia arriba, y allí, surcando las nubes, vimos algo que solo había leído en libros: un Neftalí. La criatura majestuosa descendió lentamente, emitiendo un sonido melódico que estremecía el aire a su alrededor. El Neftalí tenía el cuerpo de un lagarto, pero sus alas eran como las de una mariposa, l...